Los beneficios
Por un lado, tenemos el beneficio del ahorro de espacio, ya
que no se necesita un estudio de cien metros sino uno de apenas
cinco; todos los metros restantes que usted pueda llegar a
necesitar estarán montados ahora en algún disco duro del
sistema que elija para trabajar.
Otro beneficio importante es que el espacio antes destinado a utilería y escenografía podrá ser empleado ahora en fines más productivos.
Por otro lado, tenemos la rapidez y la adaptabilidad, ya que podemos pasar de un agitado estudio de noticias, a un ambiente más cálido e íntimo para un programa de opinión, o incluso crear una casa de té japonesa para un especial de cocina oriental. Todo ello con sólo dar la orden en tiempo real.
La creatividad es otro beneficio que se hace relevante al momento de decidirse por esta alternativa, ya que nunca más nos limitarán las dificultades del mundo real. ¿Por qué no tener un robot que se pasee por el estudio durante la franja infantil, o un árbol en medio del set para el programa de yoga?
Por último, podríamos hacer las cuentas del significado en dinero de los beneficios mencionados, contabilizando el ahorro en construcción, mantenimiento y almacenaje de escenarios tradicionales, sumando el costo de mantenimiento de estudios de grandes dimensiones, e incluso, añadiendo el desplazamiento de actores y equipos hasta otro tipo de locaciones, que ya no serían necesarios.
Lo que deberíamos esperar
del futuro virtual
Seguramente usted se preguntará de manera sospechosa por
qué, si esta tecnología tiene tantos beneficios, no se ha
aplicado de una forma más generalizada en nuestra región. La
verdad es que hay muchas respuestas para esta pregunta. Puede ser
que no se conocen suficientemente las capacidades de esta
tecnología, o que los canales no saben por dónde comenzar su
aplicación; puede ser que desconfíen (quizás con razón) de
las capacidades para conseguir hiperrealismo, o que simplemente
no saben qué hacer con toda la infraestructura que se volvería
innecesaria. Lo cierto es que el cambio ya ha comenzado y aunque
no hay porqué temer una sustitución total del sistema
tradicional por el virtual, no debería resultar extraño para
nosotros que una proporción importante de la producción sí lo
haga.
Volviendo a nuestro concepto inicial, donde el propósito es la entrega de una experiencia visual creíble que nos mantenga atados a una historia, encontramos que hay mucho aún por hacer y que el reto para las empresas fabricantes de soluciones en sets virtuales no es fácil, especialmente cuando el televidente promedio está cada vez más entrenado para diferenciar un objeto virtual de uno real, y que con el tiempo y la experiencia será un espectador aún más exigente.
A pesar de los avances en temas específicos, como lectura y sincronización de radiosidad, y expansión a HD, quedan detalles importantes que seguramente tardarán algún tiempo en ser resueltos, como la ausencia de sombras y reflejos realistas de los objetos sobre el actor y viceversa, o la nivelación automática de saturaciones y ruido entre una señal y la otra, que no hagan tan evidente la diferencia entre lo real y lo digital. Aún tenemos que esperar un poco más para dejar de hablar de sets virtuales y comenzar a hablar de locaciones virtuales.
Sin embargo, estos pueden parecer detalles menores frente a los beneficios actuales que el sistema trae para cualquier empresa que realice contenido en tiempo real. Estas ventajas son significativas para cualquier estructura de canal, pero especialmente para aquellas con limitaciones, como los canales pequeños, las estaciones locales o las productoras, para las que ya no existen obstáculos en la producción de contenido de calidad en tiempo real, y para las cuales el futuro pone ventajas competitivas a su disposición.
Ya sabemos que es hora de ponerse al día, que el futuro de la producción de televisión está en el complemento que este tipo de tecnologías aporta al esquema actual. Ahora bien, las empresas que no se actualicen o que simplemente continúen ajenas a estos cambios, podrían estar cometiendo el mismo error del que nos habla Amélie Poulain: conducir sin mirar la vía.

