Mientras la IA se consolida como el motor principal del mantenimiento industrial inteligente, AR y VR avanzan como herramientas complementarias, estratégicas y cada vez más conectadas entre sí.
Sergio Ramos*
Durante años, tecnologías como la realidad aumentada (AR) y la realidad virtual (VR) convivieron en el imaginario industrial como promesas a largo plazo. Hoy, con la llegada de la inteligencia artificial y su potencial en conjunto con otros avances, en las fábricas de Latinoamérica esa discusión ya no es teórica.
Sin embargo, ante la ola de innovación, para las empresas surge una pregunta: ¿en qué tecnologías conviene más invertir? Si bien no hay una respuesta general, las empresas que adoptan un enfoque innovador para resolver necesidades puntuales suelen tener más éxito que aquellas que simplemente buscan unirse a las tendencias sin un propósito claro.
En sectores como manufactura, alimentos, energía y logística, se están implementando soluciones que combinan las bondades de estas tecnologías para mejorar la operatividad en diversos casos de uso.
Tecnologías al frente de la digitalización industrial
Plataformas de mantenimiento predictivo basadas en IA se han convertido en la principal puerta de entrada a la digitalización industrial en la región. La razón es práctica: permite reducir fallas no planificadas, optimizar inventarios de repuestos y extender la vida útil de los activos sin requerir grandes cambios en la infraestructura existente.
“Las empresas están priorizando tecnologías que resuelvan problemas inmediatos”, explica Ricardo Román Santurio, CSO de Fracttal. En el caso de la IA, ha logrado posicionarse porque aborda necesidades reales como costos y continuidad operativa.
Por su parte, AR y VR no han quedado fuera del radar. Su adopción avanza, aunque con una lógica distinta. En lugar de despliegues masivos, predominan proyectos piloto enfocados en tareas críticas.
De acuerdo con Román Santurio, “han servido para entrenar a personas desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, la NASA entrenaba a los astronautas en tierra para actividades que luego realizarían en el espacio”. Este tipo de entrenamientos evitaba riesgos extremos, ya que las caminatas espaciales de prueba suelen ser peligrosas y costosas.
En las empresas, la realidad aumentada se utiliza principalmente en mantenimiento en campo, donde técnicos reciben instrucciones visuales en tiempo real o asistencia remota de especialistas ubicados en otros países. Esto ha demostrado reducir errores humanos y tiempos de intervención, especialmente en plantas con equipos complejos o poco personal especializado.
En cuanto a la realidad virtual, encuentra su mayor valor en simuladores de seguridad industrial y entrenamiento. Las fábricas están invirtiendo en entornos virtuales para capacitar a operarios en procedimientos de alto riesgo sin exponerlos a situaciones reales. Aunque su impacto es claro en términos de prevención de accidentes, su adopción suele depender de presupuestos más delimitados y objetivos muy específicos.
Un cuarto elemento comienza a ganar relevancia: los gemelos digitales. Estos modelos virtuales de activos o procesos permiten simular escenarios operativos, planificar mantenimientos y evaluar decisiones antes de ejecutarlas en el mundo físico. En Latinoamérica, su implementación aún es incipiente, pero crece a medida que las empresas combinan datos históricos, sensores e inteligencia artificial.
La tendencia regional muestra un patrón en el que la inversión no se distribuye de forma equitativa entre tecnologías emergentes, sino que responde al retorno esperado en el corto y mediano plazo.
Mientras la IA se consolida como el motor principal del mantenimiento industrial inteligente, AR y VR avanzan como herramientas complementarias, estratégicas y cada vez más conectadas entre sí.
Más que competir, estas tecnologías comienzan a integrarse. El verdadero cambio no está en elegir una sobre otra, sino en cómo las fábricas latinoamericanas construyen ecosistemas digitales donde datos, visualización y automatización trabajan de forma coordinada. En ese proceso, la digitalización industrial deja de ser una tendencia global para convertirse en una realidad local con impacto directo en la productividad.
* Sergio Ramos es periodista con más de una década de experiencia cubriendo temas de tecnología e innovación.

