Desconocimiento, incertidumbre, rechazo y un ruido constante sin propósito es como ven las personas a la inteligencia artificial hoy.
Boris Cruz*
Por muchas razones, esta percepción está creciendo, y no porque la IA sea oscura o incomprensible, sino porque la conversación pública se llenó de ruido antes de llenarse de criterio. Nos llenaron de herramientas, pero no de comprensión; de urgencias, pero no de propósito; de titulares grandilocuentes, pero no de educación emocional.
La ansiedad colectiva no surge de la tecnología en sí, sino de la velocidad con la que está transformando todo, sin que hayamos tenido tiempo de asimilarlo. Nos hablaron de eficiencia, automatización y productividad, pero no de cómo navegar el cambio desde lo humano; y cuando una sociedad no entiende algo que la atraviesa, la reacción más básica no es la curiosidad: es el miedo.
Ese miedo se ha convertido en el principal freno para la adopción de IA, porque no solo se siente abstracto, sino también personal. Miedo a equivocarse. Miedo a no entender. Miedo a no ser suficiente. Miedo a perder relevancia. Miedo a que “lo humano” pierda su lugar. Hoy no estamos discutiendo tecnología; estamos discutiendo identidad.
Los estudios lo confirman: en encuestas globales del Pew Research Center (2024), la mayoría de las personas no rechaza la IA por sus capacidades, sino por la amenaza simbólica que representa. Kantar (2024) y Microsoft & IAON (2025) coinciden: la falta de claridad genera más temor que la herramienta misma.
Y como si eso fuera poco, se sumó otro detonante: el mercado laboral comenzó a exigir dominio de IA generativa sin alfabetización previa, sin formación emocional, sin bases conceptuales y sin respeto por la disciplina original de cada profesional. Se pide que la gente “se adapte rápido”, sin acompañamiento, sin contexto y sin una conversación seria sobre los riesgos y límites.
Se está contratando por software antes que por mirada. Por técnica antes que por criterio. Por función antes que por sensibilidad.
Pero la herramienta no sustituye la perspectiva. Y el miedo se agrava cuando se convierte en presión laboral.
En medio de ese clima, olvidamos algo esencial: la creatividad nunca ha sido un acto solitario ni perfectamente original. Los pintores siempre aprendieron de otros pintores. Los escritores siempre dialogaron con libros previos. Los músicos heredaron acordes de generaciones enteras. Y los actores más reconocidos interpretan vidas que jamás vivieron, guiados por directores que tampoco estuvieron ahí, pero que poseen la sensibilidad para convertirlas en verdad.
Eso no les quita autenticidad. Les da profundidad.
La IA no inventó la idea de crear sobre lo ya creado. Solo amplifica la escala. Lo que no puede replicar —y ahí está la clave— es la intención humana detrás de cada decisión.
Por eso la conversación sobre IA debe dejar de centrarse en el “cómo funciona” para enfocarse en el “para qué existe” y “desde qué sensibilidad la usamos”. Cuando la narrativa se reordena, el miedo se desinfla y aparece la posibilidad de integrar la tecnología sin perder identidad.
El miedo no es el enemigo: es un mensaje. Dice dónde duele, dónde falta claridad y dónde hay que educar. Si lo escuchamos, no paraliza: orienta.
La adopción consciente de IA no depende de tutoriales ni de velocidad, sino de pensamiento crítico, ética, imaginación y propósito. Y esa combinación sigue siendo, y será siempre, profundamente humana.
En este punto también es necesario hablar de cómo la IA está reconfigurando la vida profesional. Hoy la tecnología no solo cambia los procesos: redefine prioridades, expectativas y formas de aportar valor. La conversación ya no es únicamente sobre qué herramientas conocemos, sino sobre cómo sostenemos nuestra identidad profesional en un escenario que se mueve más rápido que cualquier manual.
Aquí es donde entra mi propia experiencia, porque entender este cambio desde adentro también aporta perspectiva. Menciono The Vanta Project porque, como fundador, he visto de primera mano cómo la IA exige una postura clara antes que un dominio técnico. Vanta nació como un hub de producción audiovisual con IA centrado en dirección creativa, y esa premisa me llevó a comprender que lo esencial hoy no es la herramienta en sí, sino la capacidad de sostener una idea con criterio, intención y sensibilidad.
En la práctica, eso significa que ningún key visual, storyboard, animatic o pieza narrativa que produzco parte de un atajo tecnológico, sino de un concepto sólido que guía cada decisión creativa y estética. La tecnología entra después, como multiplicador y no como sustituto. Vanta tiene un flujo de trabajo —que mezcla curaduría conceptual, experimentación controlada, dirección de arte y postproducción precisa— no busca impresionar con IA, sino preservar la coherencia de la idea.
Y menciono esto porque refleja algo más amplio: un camino posible para cualquier profesional en tiempos de IA. Integrar tecnología sin perder la intención. Usarla para ampliar la mirada, no para reemplazarla. Entender que las herramientas cambian, pero la sensibilidad, la ética y la claridad narrativa siguen siendo el verdadero valor.
En un momento donde el miedo domina la conversación pública y laboral, ejemplos así —desde mi propia práctica o desde cualquier disciplina— recuerdan que la IA solo tiene sentido cuando amplifica la cadena invisible de inspiración colectiva que ha sostenido la creatividad desde siempre. Es simplemente la nota final coherente: una demostración práctica de que la IA solo tiene sentido cuando hay alma detrás del prompt.
Fuentes consultadas
Pew Research Center. (2024). How people around the world view artificial intelligence. https://www.pewresearch.org/
Kantar. (2024). Estudio sobre percepción social de la inteligencia artificial. Kantar Insights.
Microsoft & IAON. (2025). Observatorio anual sobre la relación entre la sociedad y la IA. Microsoft España.
*Boris Cruz es un Director Creativo colombiano con más de 11 años de experiencia desarrollando narrativas visuales para marcas de alto perfil. Su trayectoria integra dirección de arte, branding, diseño de interfaces y producción audiovisual, combinada hoy con procesos avanzados de inteligencia artificial. Ha liderado proyectos en industrias como consumo masivo, hotelería, turismo, automotriz y lifestyle, creando universos visuales con enfoque estratégico y acabado cinematográfico. Es fundador de The Vanta Project, un hub creativo que fusiona concepto, estética editorial y tecnología para contar historias con intención. Su mirada parte de la investigación, la sensibilidad latinoamericana y una convicción clara: la IA solo tiene sentido cuando amplifica una buena idea. Puede contactarlo en [email protected]

