Lea cómo reportamos en 1998 la aparición de DVCAM, de Sony, y DVCPRO, de Panasonic, formatos mejorados que competían por un mercado creciente. El éxito del DV entre los usuarios domésticos es indiscutible, mientras los profesionales empezamos a acostumbrarnos a la presencia de minúsculos casetes cuya cinta es tan sólo de seis mm de ancho.

En septiembre de 1993, las 55 empresas más importantes de la industria electrónica mundial acordaron las especificaciones de un nuevo estándar para la grabación de video digital. El formato adoptado por el Consorcio DVC parecía tener el potencial para convertirse en el sistema de grabación de video de uso más extendido en todo el mundo.

Cinco años después el mercado ofrece por lo menos cuatro variaciones sobre el tema original, todas descendientes de la fórmula inicial. La mayoría de los fabricantes están produciendo equipos DV para uso doméstico rigurosamente basados en el acuerdo original.

Sin embargo, Sony decidió ofrecer un formato mejorado al que bautizó como DVCAM, y Panasonic hizo lo propio con DVCPRO, que ya tiene dos "sabores" diferentes... La competencia sigue y el mercado se complica.

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Adicionalmente, el rápido desarrollo de las soluciones de conectividad basadas en el sistema FireWire ha hecho realidad la posibilidad de transferir video digital a los sistemas de edición no-lineal, sin pérdida alguna de calidad, dentro de costos tan razonables que han permitido replantear por completo los niveles técnicos de la videografía educativa y corporativa.

Sin embargo la explosión del DV ha traído consigo cierta dosis de confusión al mundillo de la producción en video. La mayoría de los formatos de grabación de video digital de reciente aparición están relacionados con el estándar DV, aunque algunos de ellos no sigan las especificaciones físicas del formato.

Las cintas...

Como formato de grabación en cintas de video el DV fue pensado al comienzo para usuarios domésticos o los llamados prosumers. La especificación inicial, conocida como DVC, propone dos tamaños de casete: el "L", que soporta hasta cuatro horas de grabación con un tamaño de 125x78mm, y el "Mini", que puede manejar hasta una hora de material en una caja de 66x48mm.

Este último es conocido como MiniDV, quizás tratando de alimentar en el público la idea de que es un formato diferente. De hecho, la existencia de los casetes más grandes es algo así como un secreto para los "iniciados" que montan sus estudios domésticos de video con las grabadoras de mesa que ofrecen unos pocos fabricantes.

Sony introdujo variaciones en la estructura física de los casetes, agregándoles un pequeño chip de memoria no-volátil que puede almacenar información sobre las tomas grabadas en la cinta, como direcciones de código de tiempo y una marca de "toma buena - toma mala". Esta innovación es una de las claves de la propuesta de Sony para el uso del formato DVCAM en operaciones noticiosas.

Audio: empiezan los problemas

La especificación original del Consorcio DVC proponía tres formas diferentes de grabar sonido, basadas en muestreos diferentes. Por una parte se hablaba de sonido de 12 bits, con muestreo de 32kHz, más que suficiente para aplicaciones corrientes. Al usar sonido de 12 bits, los equipos DV pueden manejar hasta cuatro canales de audio.

Cuando se requiere mayor calidad, el formato puede acomodar audio sin compresión de 16 bits a 44.1 ó 48Khz, de calidad idéntica a la de las grabadoras DAT profesionales. La coexistencia de estos estándares es uno de los factores que empieza a complicar las cosas para los usuarios desprevenidos...

Precisamente, el sonido es una de las áreas en las que se diferencian los formatos DV para uso profesional. El DVCAM permite registrar sonido digital de 12 ó 16 bits, con un efecto inmediato en la cantidad de canales utilizables: al usar un ancho de banda menor, permite grabar hasta cuatro canales de sonido.

EL DVCPRO sólo usa sonido de 16 bits. Sin embargo, las grabadoras de cualquier formato pueden reproducir sin problemas el sonido de 12 bits originado por equipos DV de cualquier marca.

Pero hay una diferencia fundamental en la forma de "empaquetar" el sonido entre los diferentes formatos. El estándar DV original usa sonido no-sincrónico. Esto no implica que el material tenga una tendencia a perder la sincronía entre audio y video, sino que cuando el audio digital se transmite puede estar levemente "desordenado" respecto a los cuadros de video correspondientes.

Esto no representa ningún problema en circunstancias normales, pero puede causar pequeñísimos saltos de sonido cuando se edita el material. Después de todo, se trata de equipo para uso doméstico... que muchos pretendemos usar para otros fines. Por otra parte, los formatos profesionales usan sonido completamente sincrónico, que puede editarse tal como el audio analógico.

Sin embargo, esto trae algunas diferencias en los flujos de información digital originados por equipos de distinta marca, que los hacen parcialmente incompatibles entre sí. De hecho, puede que resulte complicado copiar una grabación DVCAM en una grabadora DVCPRO conservando la codificación original. Muchas veces es necesario procesar este material por rutas analógicas. O copiar el video digital y una salida de audio análoga...

Ello implica que para transferir este material es necesario seguir el proceso de reproducir - descomprimir - codificar una señal análoga (o digital) - comprimir y grabar de nuevo. Es reducirse a usar las sofisticadas grabadoras digitales tal y como sus contrapartes analógicas. Los resultados no son fatales... pero distan mucho de ser óptimos. Es posible que sean comparables a los de las grabadoras de video análogo por componentes, pero es muy probable que en un proceso de este tipo se hagan más evidentes los defectos ocasionados por la compresión.

Para hacer justicia a los fabricantes, hay que decir que estos problemas tienden a desaparecer. Cualquier grabadora DV profesional puede reproducir cintas DV de tipo doméstico minimizando los problemas de audio en los cortes.

Y estamos muy cerca de la compatibilidad total en playback. Una grabadora DVCPRO puede reproducir una cinta DVCAM, y viceversa. Casi siempre. Pero, sin ánimo de hostigar a los fabricantes, ¿por qué será que el "casi" siempre falla con los trabajos más importantes?

Cambio de hábitos

Un factor propio de los sistemas de audio digital puede complicar las cosas a algunos realizadores. En el mundo análogo es posible manejar niveles altos en las señales de sonido. De hecho, los formatos de grabación basados en cinta metálica son especialmente permisivos, pues en muchos casos pueden manejar niveles de hasta +3DB. Esto ha llevado a que muchos técnicos se acostumbren a manejar sus señales en la parte alta de la escala.

Si ellos empiezan a operar con equipo digital van a encontrar un pequeño problema: en los momentos en que la señal se satura, se empiezan a escuchar ruidos molestos, porque cuando se excede la capacidad del sistema de grabación la señal se elimina, y en los picos de señal empiezan a aparecer pops y cracks que pueden inutilizar el sonido.

Esto no es una falla de los sistemas digitales. Es la consecuencia de los malos hábitos adquiridos durante muchos años de trabajo en entornos analógicos, en los cuales la distorsión característica del sonido saturado se hizo parte de lo que algunos consideran un audio "normal". ¿Solución? Respetar los niveles que realmente pueden ser manejados por el sistema. Hay que recordar que el nivel de referencia en las grabaciones digitales debe establecerse bastante abajo de los 0DB de la escala, que corresponden al nivel máximo que el sistema puede manejar antes que sus grabaciones empiecen a sonar como un envase plástico lleno de piedras.

Inconvenientes

La arquitectura física de las cintas DV es propensa a ciertos problemas. Consideremos que la cinta de 6mm de ancho está constantemente en contacto con el drum, un tambor giratorio de 21.7mm que gira a 9000rpm. Y el espacio que se utiliza en la cinta para registrar un cuadro de video es ligeramente superior a las dos terceras partes del diámetro de un cabello humano. ¿Cuál puede ser el efecto de una partícula de polvo que, por casualidad, obstaculice la lectura de la cinta?

Previendo estos problemas, el Consorcio DV introdujo un robusto algoritmo de corrección de errores en el estándar, y funciona mucho mejor que los correctores de dropouts de las grabadoras analógicas, pues su recurso básico es la "repetición" de porciones del cuadro anterior cuando es necesario corregir un defecto.

El sistema de corrección de errores encuentra los defectos de lectura al verificar la información digital que se toma de la cinta, lo cual asegura un desempeño consistente en todos los casos.

Normalmente esto lleva a correcciones virtualmente invisibles, pero tiene un problema relativamente serio: cuando se presenta un error masivo, la corrección consiste en un ligero salto ocasionado por la repetición total del cuadro anterior. Y si es un problema muy grave, la imagen se congela hasta que se normalice la lectura.

Este tipo de problemas, sin embargo, es realmente poco frecuente. Pero es mejor que los usuarios no implementen un programa muy intenso de reutilización de cintas. Con el tiempo, esto puede llevar a sorpresas desagradables.

El uso de la cinta

El tema de los dropouts y la corrección de errores está íntimamente ligado con una de las mayores diferencias entre DV, DVCAM y DVCPRO: la forma física en que cada formato usa la cinta.

El DV de uso doméstico, registra la información en la cinta grabando "franjas" de 10 micrones de ancho. Este tamaño del track pitch (espaciamiento de las partes grabadas de la cinta) crea ciertos problemas para editar por inserto, pues se necesita una gran precisión de los sistemas mecánicos y electrónicos de las grabadoras para lograr empates exitosos.

Puede variar la intercambiabilidad de cintas entre máquinas diferentes. Por ejemplo, si el transporte de una camcorder DV ha sido manipulado para retirar una cinta que se ha trabado, es posible que se haya ejercido una presión excesiva sobre las guías de la cinta y puede hacer que la grabadora quede fuera de estándar. Algunas veces, la única forma de hacer un playback correcto del material grabado es usar la misma camcorder que lo grabó.

Los problemas de intercambiabilidad siempre han existido, y tienden a ser más agudos en los casos en que los equipos no tienen un mantenimiento riguroso, lo que desafortunadamente ocurre en muchas casas productoras de nuestra región. Y el tamaño de los mecanismos de esta grabadoras hace que resulte especialmente peligroso dejar el mantenimiento preventivo de los equipos al proverbial camarógrafo armado de un simple kit de destornilladores de relojero.

El DVCAM usa un track pitch de 15 micrones, mientras el DVCPRO utiliza 18 micrones. El uso de mayor espacio en la cinta permite implementar sin mayor problema sistemas convencionales de edición capaces de hacer empates precisos.

En realidad el DVCAM es una mejora sobre la especificación DVC original, cuyos principales cambios son el track pitch, la codificación del audio y la adición del sistema ClipLink para registrar información sobre las tomas en el propio casete.

Panasonic decidió agregar características atractivas para usuarios profesionales, como un canal de control track analógico, un cue track adicional y un canal de audio análogo adicional. Las grabaciones de DVCPRO incluyen en la cabeza de los tracks un paquete de información digital que facilita la edición por inserto. Además, introdujo un nuevo tamaño de casete, el tipo "M" (97.5x64.5mm) y decidió no usar el Mini, aunque conserva la compatibilidad de playback con un adaptador mecánico similar al que permite reproducir cintas VHS-C en una VCR corriente.

Cada fabricante defiende su formato a capa y espada, aunque sus políticas de mercadeo tienden a posicionarlos en segmentos ligeramente diferentes. DVCAM es parte de una propuesta integral de Sony para instalar sistemas digitales de producción de noticias, aunque provee las rutas de compatibilidad para integrarse en instalaciones convencionales.

DVCPRO se ofrece como un formato de uso general, dirigido tanto al mercado ENG como a las aplicaciones generales de producción y distribución de material.

Otro jugador

Panasonic trata de romper el precario equilibrio de la oferta al introducir una nueva línea de productos que permite incluir el formato DV en la transición hacia la televisión digital. Se trata del DVCPRO 50, un nuevo formato que registra el doble de información digital en cintas del mismo tamaño que las DVCPRO corrientes. El ancho de banda pasa de 25 mbs a 50 mbs, con el uso en paralelo de dos codificadores DV.

El DVCPRO 50 utiliza codificación 4:2:2 y una compresión más leve, de apenas 3.3:1, lo cual lo pone en el mismo rango que el formato Digital-S de JVC. Permite un mejor desempeño en aplicaciones críticas de posproducción y conserva todas las características de DVCPRO, pero con la posibilidad de registrar imágenes 16:9 e integrarse con facilidad en entornos DTV de resolución estándar (ver Incertidumbre en la transición. TV&Video Latinoamérica, Vol. 4, Ed. 2, marzo-abril de 1998, p. 16).

La coincidencia aritmética entre el DVCPRO 50 y el Digital S (compresión 3.3:1 a 50 mbs) aparentemente no es tan casual. De hecho, parece que los equipos Digital-S usan codificadores DV como parte del hardware de sus grabadoras.

Esto permite pronosticar que el futuro de la grabación digital de video se trazará en múltiplos de 25 mbs. De hecho, tanto Panasonic como JVC han anunciado productos "100" como parte de su estrategia para el mercado de producción en alta definición.

La guerra continúa

La pregunta obvia de los productores es: ¿qué formato me conviene? La prueba visual es terriblemente decepcionante. Para un espectador casual, el playback de material grabado en cualquiera de los formatos DV es sospechosamente parecido. Incluso el material DVCPRO 50 no presenta mayores diferencias, aparentemente.

No es para extrañarse, pues todos usan la misma arquitectura de compresión, aunque puede haber diferencias muy sutiles por las mejoras que uno u otro fabricante introduzca en los encoders de sus equipos.

Mientras Panasonic asegura que la operación de los equipos DVCPRO es más rentable, gracias a la cinta MP, Sony asegura que la cinta ME del DVCAM se desempeña mejor y ofrece resultados más estables a largo plazo. Sony también asume como una ventaja su compatibilidad directa con el formato DV de consumo, aunque para efectos prácticos Panasonic no se queda atrás.

Para complicar las cosas, cada marca ha lanzado su propio estándar de transporte de señales digitales sin comprimir, que difieren básicamente en la codificación de los canales de audio. Sin embargo, ambos formatos soportan señales no-comprimidas de tipo serial digital (SDI), que de cualquier manera permite que los equipos DV se comuniquen con el resto del mundo. Y también entre ellos... aunque descomprimir-transferir-recomprimir se ha convertido en la norma cuando se trata de copiar material de un formato DV al otro.

En teoría, el estándar FireWire permitiría la clonación de material DV sin mayores inconvenientes. De hecho una sola línea FireWire podría transportar hasta cuatro flujos de video DV; pero, en la práctica, las inconsistencias entre los formatos han dejado las aplicaciones prácticas de los sistemas FireWire para el ámbito de los usuarios del formato DV básico. Mientras los usuarios de equipos de alta calidad se ven a gatas para poder hacer copias digitales con sonido...

¿Cómo decidir? Hay que considerar todo: aplicaciones; compatibilidad; retorno de inversión; desempeño en condiciones difíciles; precio; futuro; DTV; servicio y representación; durabilidad; costos de operación; compatibilidad con MiniDV; peso; compresión; fidelidad de marca...

Señores productores: bienvenidos a la decisión técnica más difícil de los últimos diez años. Esperamos sus comentarios.

Author: Latin Press

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